Hay algo que duele más que no saber qué hacer: saberlo… y no hacerlo.
No hablo de grandes decisiones heroicas.
Hablo de cosas simples y reales:
- hacer ejercicio por salud
- ordenar el día
- dejar de desperdiciar tiempo
- vivir con más coherencia
Yo sé lo que debo hacer.
Y aun así, muchas veces no lo hago.
Mientras meditaba en esto, apareció un nombre que no esperaba: Sedequías.
Y sin darme cuenta, terminé viéndome reflejado en su historia.
El problema humano
Sedequías no fue un rey ignorante.
Conocía la verdad.
Escuchó advertencias claras.
El problema no fue falta de información.
Fue falta de acción.
Y ahí me vi yo.
Porque hoy no nos falta conocimiento:
- sabemos qué es sano
- sabemos qué nos hace bien
- sabemos qué nos destruye
Lo que nos falta es carácter para sostener la verdad cuando incomoda.
La historia bíblica
“Y no se humilló delante del profeta Jeremías, que hablaba de parte de Jehová.”
— 2 Crónicas 36:12
Sedequías escuchó… pero no obedeció.
Temió más a los hombres que a Dios.
Prefirió la comodidad antes que la coherencia.
El final no fue inmediato, pero fue inevitable:
- pérdida
- ceguera
- esclavitud
No porque Dios fuera cruel, sino porque la verdad ignorada siempre pasa factura.
La clave filosofica
Los filósofos llamaron a esto akrasia:
saber el bien, pero no tener la fuerza para hacerlo.
No es ignorancia. Es debilidad de voluntad.
La ceguera de Sedequías empezó mucho antes de que le sacaran los ojos: empezó cuando decidió no actuar conforme a lo que ya sabía.
Aplicación práctica
Aquí entendí algo que me liberó:
❌ El problema no es que seas perezoso
❌ ni que no tengas fe
❌ ni que no tengas disciplina
👉 El problema es que no has decidido pagar el precio del cambio.
La verdad siempre pide algo:
- constancia
- incomodidad
- renuncia
Pero también ofrece algo:
- paz mental
- coherencia
- libertad interior
Frase secular
“El mayor autoengaño es creer que mañana haremos lo que hoy evitamos.”
— Friedrich Nietzsche
No escribo esto como maestro.
Lo escribo como alguien que está aprendiendo a no huir de lo que sabe.
Si este mensaje te incomodó un poco, tal vez no sea condena.
Tal vez sea una invitación.
Porque mientras todavía escuchamos la verdad, todavía estamos a tiempo de actuar.
